¡Sábado sabadete, camisa nueva y…mucho currete!El sábado 20 de febrero del año 2010 del actual Calendario Gregoriano impuesto por el Papa Gregorio XIII en 1582… amaneció como otros tantos del año, sin lluvia, sin frío ni calor, pero triste de luz en sus primeras horas; un sábado normal, lo que vulgarmente se dice muy normalito, muy propio de la época en la que nos encontramos: la del final del invierno.
Este sábado, por su cotidianidad y anonimato, ha sido precisamente escogido por el que suscribe para relatar sus andanzas “de pe a pa”.
10 h. AM: en casa de los Galicia/Puyol suena el teléfono, lo descuelga D. Manuel y a continuación pregunta: ¿Dígame?... Era su sobrino Javier preguntando e interesándose sobre lo que estaba haciendo su tío en ese momento; tras enterarse que estaba leyendo plácidamente el periódico… le aclara que está desmontando su cuarto… y que si le echa una mano, no al cuello, sino a la tarea…
Hemos de aclarar que D. Manuel, desde que pasó a ser un número más de las fuerzas pasivas y ejercer como jubilado, responde a todas las llamadas telefónicas… que también es verdad, han disminuido muchísimo.
10,15 h. AM: D. Manuel, “chico para todo”, llega a casa de los Palomino/Puyol y se pone manos a la obra, ayudando a su sobrino Javierón. Mientras ellos “laboran”, en dicho domicilio el resto de sus habitantes se distraen como pueden: Dª Pura tirada por los suelos cantando “los 5 lobitos” y ejerciendo de “abuela”; Alfonso, medio desnudo, bien aparcada su función de Autoridad Municipal, reparando su “cochecito, capricho del nene”; Carmen, “la nieta”, un poco cargante ese día, totalmente ajena a los encantos, mimos y cariños que le prodiga su “abuela”; y D. Juan, astuto e inteligente cual zorro montero, ausente… ejercitando la caza en su nuevo coto de Cuenca.
11,15 h. AM: Javierón, siempre ayudado por su tío, baja todos los restos que hasta esa fecha memorable formaron parte de su dormitorio, y tras cargarlos en el ”Ibiza”, los dos juntitos se acercan al “Punto Blanco” para deshacerse de ellos. Que nuestros personajes son muy buenos ciudadanos e intentan cumplir siempre con los consejos emitidos por el Edil Municipal de turno encargado de la recogida de basuras y otros menesteres varios. Y tras una íntima y emocional despedida a tan queridos bártulos, testigos de innumerables horas de gozo, soledad, sufrimiento, fiebres y placer… arrancan de nuevo su vehículo y prosiguen su aventura sabática.
12,15 h. PM: tras mucho tiempo perdido en intentar encontrar una plaza de aparcamiento para el vehículo motorizado, sobrino y tío, ebrios de alegría por haber dejado el coche como Dios manda, en chándal, llenos de polvo, oliendo a “chotuno” por no haberse duchado todavía ese día, pero todo orgullosos cual gloriosos caballeros andantes, entran por la puerta de entrada principal a IKEA.
Siguiendo las flechas del suelo, guiados por ellas como si se tratara de ir por un Camino de Santiago reconvertido por la economía de mercado en un Camino del Santo Consumo, avanzan por el intrincado pasillo del laberinto comercial, ahora a la dcha., ahora de frente, luego a la izqda, otra vez a la izqda y de nuevo otra vez de frente… llegando sanos y salvos a la zona donde están expuestos los escritorios.
Con papel en una mano y boli en la otra, además de un metro flexible en el bolsillo, todo traído de casa por D. Manuel, quien como sabio anciano no se fía mucho de las medidas de las etiquetas, no sea que estén cambiadas: comienza un sesudo estudio práctico, estético, dimensional y económico sobre lo allí expuesto, para no errar en la decisión cual atontolinados inexpertos juveniles.
Tras muchas cuentas, cábalas, elucubraciones y medidas… se opta por la mejor solución posible, pero saliendo ya con todo decidido y bien anotado: ¡Oh! ocurre lo de siempre… ven una mesita igual a la que ya tiene Javier en su cuarto y… de nuevo vuelta a empezar el profundo estudio.
Mientras que las neuronas de nuestros personajes se estrujan para derramar toda su sabiduría que no es poca, y las meninges se calientan para refrigerar tanto trabajo y esfuerzo cerebral, Javier exclama: ¡mira tío, esa es la tía María José!
En efecto, allí estaba María José con una amiga y a unos metros de distancia Evelio y Manuela. Tras los consabidos besos y los no menos frecuentes y socorridos ¿Qué hacéis aquí? ¡Qué bien te veo! ¡Qué guapa estás!, ¿Qué es de vosotros? ¿Y el resto de las chicas? ¿Pero no estaban en New York?... el encuentro finaliza con un: ¡bueno, que se nos echa el tiempo encima! ¡hasta otra! Con nuevos abrazos, besos, ósculos y demás gestos cariñosos como despedida, el tío y su sobrino prosiguen el camino hacia el almacén, la auténtica sacristía de la nueva Catedral del Consumo.
13,40 PM: tras colocar cuidadosamente su compra en una carro grande, ver y saludar ya con un simple adiós de nuevo a sus familiares, guardar cola ante la caja de pago y comprar Javier las consabidas galletas de IKEA… salen al exterior del edificio. D. Manuel, comprobando que ha sobrevivido sano y salvo a la aventura de introducirse en IKEA un sábado por la mañana, guardando lo recién adquirido cual fiel escudero, espera ya tranquilamente en la acera del gran almacén a que su sobrino y Señor se acerque con el coche, para entre ambos cargar las compras.
14 h. PM: llega Javier con el Ibiza y de nuevo las neuronas de nuestros personajes son puestas a trabajar intensivamente: así seguro que entra… no, no, imposible… quizás al revés… espera, tengo una idea…uyyyy, casi casi, por muy poco no entra…empuja el asiento para adelante, baja el respaldo y vamos a colocarlo inclinado hacia el otro lado… venga, empuja… ¡por fin!... ya podemos irnos tranquilamente que ésto está bien seguro. Mientras que D. Manuel se seca el sudor, descansa y medita, pues su mente no puede estar parada, Javierón va a devolver el carro y de nuevo… ¡otra vez se topa con los familiares! “Hoy, en una mañana, nos hemos visto más veces que en estos últimos 10 años “ sentencia D. Javier...
14,30 h. PM: llegamos raudos a la Avda. Baviera y justo: ¡jo, que suerte! encontramos un hueco libre para aparcar delante de la misma puerta del domicilio de los Palomino/Puyol.
14,45 h. PM: colocados todos los bultos entre el pasillo y el dormitorio de nuestro protagonista, la madre “abuela” anuncia a su hijo que su padre ha llamado para avisar que todavía tardará más de una hora en llegar… y a continuación pregunta: ¿qué hacemos? ¿le esperamos, damos de comer a Carmen o comemos nosotros mientras él llega…? D. Manuel, dejando a Javier resolviendo las dudas existenciales de su madre, se despide y se marcha a su domicilio, donde le esperan su mujer y su hija Elena.
18,15 h. PM: tras haber comido, “sesteado”, y descansado: nuestros personajes se vuelven a encontrar tal como habían quedado, entre seis y seis y media, en el dormitorio de Javierón.
El sobrino, muy cuco, al medio día, le había regalado al tío una de las cajas de galletas compradas esa misma mañana… y el tío captó al vuelo la petición subliminal que conlleva esta aparentemente desinteresada dádiva, y como es un hombre serio y comprometido, educado y chapado a la antigua… estima que no le puede dejar abandonado en su trabajo…
18,30 h. PM: de nuevo tío y sobrino, los dos juntitos en amor y compañía, prosiguen la faena dejada a medias… menos mal que nuestros protagonistas son ya hombres duchos en estos menesteres de ensamblar el mobiliario de IKEA… pero quieras o no, a pesar de la destreza, el tiempo avanza y la tarde cae haciéndose de noche en la calle.
20,45 h. PM: cuando todo está montado, acabado, y milimétricamente ubicado: D Juan entra para supervisar el trabajo ya finalizado y ¡Oh Díos mío! lanza su sentencia: “si os digo la verdad, me gustaba más como estaba antes”.
21H h. PM: D. Manuel, contento y feliz de haber ayudado a Javierón, los deseos del sobrino son como órdenes para el tío, regresa a su domicilio; tras reposar el sudor, recuperarse del calentón laboral y comentar las incidencias del día con su amada esposa… se ducha, se asea, se cambia y se sienta en su sillón preferido para cenar y ver la televisión…
Y aquí termina esta crónica de un “sábado sabadete, camisa nueva y mucho currete”.
Un beso a todos
Magalijubi.
Lo que digo, que el niño no se independiza en años...
ResponderEliminarJavier, también has notado tú los años en tu ayudante??? Cuidado que cada vez cuelga las cosas más torcidas... Aunque sigue compensando, claro!
Lo único que tengo que añadir es GRACIAS al tío por la ayuda prestada, en serio. Y que ambos llevábamos la faja-riñonera por si acaso...
ResponderEliminar¡Ah! y que cuando terminamos de montar el último de los cajones tuvimos una crisis existencial cuando..¡oh, cielos! nos había vuelto a sobrar una pieza...qué decir que ambos rememoramos aquel tan maravilloso WC de mi casa antigua...pero al final la encajamos.
Que practiquen, que practiquen y además pinten la habitación y así en unos mesecitos de nada, se atreven con nuesta casa (me refiero a pintarla, claro).
ResponderEliminar