HALLOWEEN(La noche de las Brujas)
Andaba yo estos días anteriores pensando sobre el significado del dicho “trato o truco” tan usado la noche del 31 de octubre, cuando una sugerencia de mi hija Elena me puso en el camino de la indagación y el estudio sobre la “Noche de Halloween”, y he aquí el resultado de toda esta búsqueda:
La palabra “Halloween”, o bien “jalogüin” imitando la fonética infantil, es simplemente un derivado del vocablo “All hallows eve” que en castellano viene a ser como: “Víspera del Día de todos los Santos”. Y su popularización ha logrado ser tan grande que actualmente, cuando mencionamos Halloween, todos entendemos que nos estamos refiriendo a la fiesta de la “Noche de Brujas”, que si bien es relativamente reciente en nuestro país, su historia se remonta a los inicios de la Cultura Celta.
El pueblo celta, originario de Asia, al llegar al continente europeo en el siglo XX a.C. con las grandes emigraciones humanas siempre del este hacia el oeste, se afincó en su zona más occidental formando su tronco indogermánico, de donde siglos más tarde se extendería hacia las Islas Británicas, Francia, Suiza y el Norte de Italia, para finalmente adentrarse en la península Ibérica hacia el siglo IX a.C., donde permanecieron hasta el IV que fueron desplazados por otros pueblos germánicos.
Los celtas dividían el año en sólo dos estaciones: el verano, tiempo de luz, calor y de la recogida de las cosechas, y el invierno, donde dominaba la oscuridad, el frío y el recogimiento, siendo la transición entre las dos estaciones la noche equivalente a nuestro 31 de octubre actual, que representaba así el comienzo del “Año Nuevo Celta”.
Los sacerdotes y dirigentes espirituales de éste antiguo pueblo, hombres sabios o magos, eran llamados “Druidas” y durante la noche del 31 de octubre, la noche del Fin de Año Celta, celebraban una fiesta pagana en honor a su Dios de la muerte: “Samuin” o “Samain” en gaélico o “Samhain” en irlandés moderno (“el final de la cosecha” en castellano). Pues esa noche mágica y misteriosa, de miedo y terror, frontera entre el calor y el frío, entre la luz y la oscuridad, representaba simbólicamente el paso de la vida a la muerte, y era tradición entre ellos creer que en esa noche fantasmagórica los muertos congelados de frío regresaban a la tierra para calentarse. Los druidas, durante esa celebración del festival de la muerte, recorrían el pueblo de casa en casa exigiendo alimentos, y también en ocasiones niños o jóvenes vírgenes para ofrecérselos a Samhain durante la ceremonia. Si recogían lo pedido, daban por realizado el “Treat” (trato), y se marchaban dejando a la familia en paz, mientras que si se les negaba lo solicitado les dejaban con la maldición del “Trick” (trampa o treta), por la que según la tradición: algún ser de dicha familia moriría durante ese nuevo año que comenzaba.
Los druidas, para iluminarse en la oscuridad de la noche, portaban un nabo grande ahuecado con una vela en su interior, y que llevaba tallado en una de sus caras el rostro de “Jock”, el espíritu demoníaco del que recibían todo su conocimiento y poder, y que sería el encargado de aplicar la maldición del trick.
Cuenta la leyenda medio celta medio cristiana (los celtas nunca aceptaron ciegamente le cristianismo ni tampoco creyeron nunca en el diablo) que el tal Jock, con el tiempo transformado en “Jack el tacaño”, era un hombre malvado, borracho, jugador, holgazán y mal vecino que se pasaba la vida tumbado bajo un roble. El diablo, celoso de que tanta maldad se pudiera reunir en solamente una persona, se transformó en hombre, se fue a su pueblo y se pasó toda la noche del Fin de Año bebiendo con Jock. Al momento de pagar, ambos totalmente ebrios, se percataron que no tenían dinero, por lo que nuestro pícaro personaje se encaró contra el diablo, exigiéndole que se convirtiera en monedas para así demostrar su verdadero poder diabólico y de paso poder pagar ambos la cuenta al tabernero. El diablo, incauto, cayó en la trampa, se convirtió en monedas, y el astuto Jock las introdujo rápidamente en su monedero donde tenía guardada una cruz de plata. Preso en sus manos e incapaz de poderse liberar, el diablo aceptó el trato que le propuso nuestro hombre: que durante un año le dejara en paz.
Transcurrido el año, el demonio volvió a visitar a JocK con el ánimo vengativo de llevarle al infierno, pero nuestro personaje empedernido jugador, volvió a desafiarle de nuevo a que no era capaz de subirse hasta la copa de un árbol, y mientras el demonio trepaba hacia ella, Jock talló una cruz en la base del tronco para que así el demonio no pudiera bajar. Tras un nuevo trato entre ambos para poder el diablo descender del árbol, éste se comprometió a cumplir su promesa de dejarle en paz durante 10 años.
Pasado el tiempo y antes de finalizar la tregua acordada, el malvado Jock murió y al llegar a las puertas del cielo, su presencia acarreó grandes dificultades ante la necesidad de decidir sobre su eterno destino final: en el cielo no podía entrar por su mala vida en la tierra, pero tampoco podía ir al infierno pues el diablo no le quería en él por miedo a sentirse humillado en su orgullo, al conocerse que le había engañado en la tierra por dos ocasiones. Ante esta difícil disyuntiva, se le condenó a vagar por la oscuridad fría de la noche hasta el Juicio Final, y compadeciéndose piadosamente de él, le regalaron una brasa colocada en el interior de una cubeta llamada “Naho” para que se iluminara en su eterna peregrinación.
En el transcurso de los siglos, los celtas fueron desalojados de sus tierras por otros pueblos germánicos, éstos a su vez por los primitivos romanos, y por último, éstos por sus descendientes los romanos ya cristianizados, sobretodo a raíz de su Emperador Constantino (siglo IV). Y la Iglesia católica romana, en su política generalizada de santificar las fiestas paganas existentes antes de su implantación en los pueblos “bárbaros”, inició con el Papa Gregorio III (731-741) en el siglo VIII y con Gregorio IV (827-844) en el IX, el traslado de la “Festividad de Todos los Santos” (All Hallowmas”) del día 13 de mayo al que lo había consagrado el Papa Bonifacio IV en 615, al día 1 de noviembre. Y años más tarde, en el 998, San Odilón, abad del monasterio de Cluny en el sur de Francia, implantó la “Festividad de los Fieles Difuntos” el día 2 de noviembre, como fiesta para orar por las almas de todos los fieles fallecidos: permaneciendo ambas festividades en dichas fechas hasta la actualidad. Pero a pesar de todos estos avatares y el transcurrir de los siglos, algunas costumbres de los primitivos pueblos paganos permanecieron vivas entre la población europea, y sobretodo quedaron muy arraigadas generación tras generación entre los irlandeses.
Con la gran hambruna de 1840 que se declaró en Irlanda por motivo de una epidemia fitosanitaria que atacó a todos los cultivos de patatas de aquel país, comenzó la gran emigración de los irlandeses católicos a los Estados Unidos de América, sobretodo en 1846. Estos emigrantes, además del cariño a su país y la nostalgia de su pueblo, portaron a su nueva tierra sus hábitos, creencias y costumbres, entre ellas las de celebrar el “All Halows eve”, que con el tiempo se pasaría a llamar Halloween. Una fiesta cargada con ánimos más espirituales que festivos, y que primitivamente consistía en disfrazarse con trajes y máscaras portando su jock, no para convocar a los espíritus malignos, sino para asustarlos y ahuyentarlos. Este jock, que ya en América pasó a llamarse “Jack” o “Lantem” o “linterna de Jack” en castellano, y que igualmente pasó a realizarse con calabazas (pumpkin) en vez de con nabos, por ser aquellas más abundantes, grandes y por tanto más fáciles de tallar.
Pero esta fiesta nocturna de “La noche traviesa” de los irlandeses y escoceses no se hizo verdaderamente popular en América hasta el 1921, año en que se celebró el 1º Desfile de Halloween en Minnesota. Y llegó a tales desmanes y violentas agresiones en la década de los años 20 del siglo XX, sobretodo en el sur con la aparición de la “Mischiet Night” de la organización del “Ku Klus Klan”, que el Gobierno Americano tuvo que intervenir, castigando el vandalismo, forzando a cumplir la Ley también esa noche, y facilitando que la vertiente festiva, familiar y sobretodo infantil se fuera apoderando progresivamente del Halloween.
Con ese espíritu, desde 1930 se fue generalizando la costumbre de que los niños fueran pidiendo dulces de puerta en puerta, juego heredado del “Souling” de la Europa cristiana del siglo IX, no ya de la celta, en la que los cristianos iban solicitando a los vecinos también los “soul lakes”, “pasteles de difuntos” o “tartas de almas”, consistentes en unos panes con pasas de uvas, a cambio de rezar por sus muertos para así acelerar su entrada en el cielo.
Finalmente, a través de la “americanización” de Europa introducida sobretodo por las películas americanas y las series de televisión de dicho país, en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado, Halloween se hizo internacional y llegó a todos países del ámbito occidental. Tanto que hoy en día no existe una población española, por pequeña que sea, que en la noche del 31 de octubre los niños no asalten a los adultos con el ya famoso ¿“trato o truco”?, equivalente al ¿“trick or treating”? original, aunque hubiese resultado más comprensible y fácil para todos el que se hubiese traducido por “¿”dulce o susto”?

Muy a pesar de mi santo padre, pero es ya un hecho que Jalogüín (Halloween) se ha implantado de manera definitiva en España. Sólo una generación y lo que queda de su antecesora se ocupa ya de las tumbas y las flores. De los buñuelos y huesos de santo sí se da aún buena cuenta...