lunes, 22 de octubre de 2012

COLABORACIÓN TÍA NANA

LA VIDA DESPUÉS DE NEMO Ó LA VIE EN ROSE


¿Cuál de esos títulos os parece más apropiado? Seguro que el segundo porque para muchas de vosotras Nemo fue muy divertido y lo superasteis después con  montañas rusas espectaculares. Pero, para mí, Nemo fue el culmen del horror, que pasé gritando desde el primer giro hasta la salida. Menos mal que le resulté útil a Rocío, una excusa estupenda para eludir otras subidas, bajadas, giros, vueltas y revueltas absolutamente insuperables. Así que vamos con la vida absolutamente rosa deEuroDisney.
Ni la mejor agencia de viajes nos podría haber procurado una guía tan eficaz: Ainhoa, ya experta, armada de plano, programa, reservas, propuestas, trayectos y avisos importantes sobre comida, vestido y calzado. ¡Vestido! Seis mujeres normalitasacompañadas de cuatro princesas, aunque no precisamente con zapatitos de cristal. Porque eso sí lo cuidamos, y a pesar de las continuas caminatas creo que no fueron casi necesarias ni las tiritas de rigor, y hasta Tere anduvo sin descanso ni queja, toda una heroína.
Sonieta se especializó en enfocarnos con la “máquina de la verdad” y Elena en estar siempre dispuesta, a muerte, para cualquier deseo de sus sobrinas, drogada con biodramina. Lucía nos visitó con la mochila repleta de chuches y “petit écolier”.
¿Y las niñas? Creo que lo pasaron bomba, con pocos momentos de lógico agotamiento, mimo y llanto, y bastantes más de encabezonamiento. ¡Qué cabezotas son las cuatro! En las fotos se ve a las tres mosqueteras casi siempre juntas y al final, incluso Jimena disfrutaba del cuarteto. Candela, tronchante con su pelucay Rocío y Eva tan primorosas con sus chirucas. En todo momento tuvimos alrededor las orejas de Minnie y las de Marie, para contextualizarnos las cabezas.
El premio a la osadía, me perdonaréis pero soy su abuela, se lo lleva Eva, que montó en todo y salió riendo de todas partes. El de fotogenia las cuatro, ¡mira que dan bien! Y el record de deseos cumplidos se lo voy a dar a la decana: montamos en globo, vimos y requetevimos a Peter Pan, provocamos colas con paraguas en Cherburgo y repetimos “nuestro pequeño mundo”. Yo también, es verdad, logré superar el laberinto de Alicia sin que me cortaran la cabeza e hice que abuelas y nietas montaran en los preciosos caballitos… sin percatarme de que Tere lo hacía casi de milagro.
Lo pasamos fenomenal, sentaditas en el tren de turno, mirando los decorados de Fantasiland, pasando el susto de los paracaidistas,conduciendo, volando en elefantes, alfombras mágicas y naves galácticas, disparando contra los malos y hasta jugando a los personajes, las palabras encadenadas y la sillita de la reina en laslargas esperas.
Nos olvidamos de la crisis en un París “tomado” por españoles en el que Sonia y yo pudimos practicar poco el francés. Vivimos la locura del “souvenir”, centrado en camisetas, imanes y algún gruñón para quien dice que no lo es. Incluso “triunfamos” todas,alguna que otra vez, gracias a frutas y zumos. Admiramos los mil y un detalles del decorado, a veces de cartón-piedra, pero las más muy logrado. ¡Hasta las columnas estaban esculpidas con personajes! Nos perdimos en los kilómetros de pasillos del hotel y disfrutamos de un fantástico desayuno en la mesa del capitán.
Asunto aparte, más negro que rosa, fueron algunas comidas. Corramos un estúpido velo sobre la pésima gestión de las colas y la fast food más lenta del mundo. Al fin y al cabo conseguimos la cena más acompañada de personajes en el Café Mickey ¡sin Pluto! - en el que Eva se hizo la clásica foto durmiendo-, de las más dulces princesas en el albergue de Cenicienta, de los piratas del Caribe y, ya en petit comité, del Walt.
Además las comidas fueron la gran oportunidad para el carnet de firmas y la foto,  aunque, ya lanzadas, pillamos incluso a Aladín yYasmínla perversa madrastra y al mejor de los piratas, que se perdió Elena. Volviendo al “simpático perro”, el que nos dio esquinazo tantas veces y mereció una “peineta de Sonia. Pluto no daba crédito, en la cabalgata, cuando vio el gesto, se puso enjarras y a punto estuvo de saltarse el protocolo y bajar de la carroza para encararse con nosotras.
Muy de mañanita, qué remedio, rodeábamos el lago, saludábamos a la familia de elefantes, pasábamos el “villaje”: primera pasada obligada ante el cocodrilo casi verdadero, y segunda ante el dragón atrapado en los lúgubres sótanos del castillo. Luego lo que tocase, fantasías, aventuras, futuros, y siempre largas caminatas frente al Mississipi, el árbol de los robinsones y sus túneles, atravesando una y otra vez el puente colgante o descansando en las salas en las que lo increíble parecía lo normal, y los personajes entraban y salían de la pantalla como de la ducha.
Y ya de noche, a coger sitio para ver bien el espectáculo de luz, agua, sonido y proyecciones…

Es verdad que nos dimos unas buenas palizas, que los horarios eran demasié, que el calor que nos llenó el sábado de parisinos se convirtió en un rollazo y que hasta huímos de Disney a París la última mañana, pero es que parís bien lo vale… y en conjunto
¡qué bien lo pasamos, puyolitas!









2 comentarios:

  1. Sí que lo pasamos bien, sí. Y creo que Candela (claro que es mi nieta) fué igual de osada que Eva pues montó en todo lo que dió su talla. Pero quien yo pienso que fue la más osada de todas, dada su edad, fui YO. Porque os acordareis que monté en casi todo y en cosas que muchas se marearon o no montaron. Pero mereció la pena y me lo pasé bomba.

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  2. De acuerdo, mamá, tú fuiste la más valiente. Y es verdad que Candelilla, como Eva, dieron el "sí, quiero" a todo... Pero en resumen, las que menos fuimos Elena y yo claramente... que las cosillas que giraban...

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